En muchos hogares, la plata todavía se guarda debajo del colchón, en una alcancía o en un cajón. Y cuando aparece una urgencia económica, hay quienes prefieren acudir a un préstamo “gota a gota” antes que acercarse a una entidad financiera. ¿Qué nos dicen estas prácticas sobre la manera en que estamos construyendo inclusión financiera en nuestros territorios?
Lo primero que debemos reconocer es que las personas ya tienen una relación con el dinero. Ahorran, prestan, piden prestado, administran sus ingresos y buscan alternativas para sacar adelante sus proyectos. Por eso, el problema no siempre es la falta de hábitos financieros. Muchas veces, el desafío está en la distancia que existe entre las personas y las entidades que podrían acompañarlas.
En CooGómezPlata creemos que esta realidad nos invita a preguntarnos:
¿Cómo lograr que las personas encuentren en el cooperativismo una alternativa tan cercana y confiable como las que ya conocen en su vida cotidiana?
El problema no siempre es saber ahorrar, sino saber en quién confiar
Pensemos en alguien que lleva años guardando parte de sus ingresos en casa. Esa persona probablemente comprende el valor del esfuerzo, sabe que debe reservar dinero para el futuro y ha desarrollado cierta disciplina para hacerlo.
Entonces, ¿por qué no utiliza una cuenta de ahorros?
Quizás desconoce los beneficios de una entidad financiera, considera que los trámites son complicados, teme asumir costos que no comprende o simplemente confía más en tener su dinero a la mano.
Algo similar ocurre con los préstamos informales.
Cuando una persona necesita dinero con urgencia, la rapidez y la facilidad pueden pesar más que cualquier otra consideración. Un prestamista conocido, que ofrece efectivo sin mayores requisitos, puede parecer una solución inmediata.
Sin embargo, los préstamos “gota a gota” pueden implicar intereses excesivos, dificultades para salir de la deuda y prácticas de cobro intimidatorias.
Estas situaciones nos muestran que la informalidad financiera no siempre responde al desconocimiento. También puede ser consecuencia de barreras de acceso, experiencias previas y falta de confianza.
Por eso, no basta con decirles a las personas que deben ahorrar en una entidad o evitar determinados créditos. Necesitamos comprender por qué toman esas decisiones y qué alternativas realmente tienen a su alcance.
La inclusión financiera se construye desde la cercanía
Durante años, buena parte de los esfuerzos de inclusión financiera se han concentrado en ampliar el acceso a cuentas, créditos y otros servicios. Y aunque ese avance es fundamental, abrir una cuenta no significa necesariamente que una persona se sienta incluida financieramente.
La inclusión también implica comprender los servicios disponibles, utilizarlos con confianza y encontrar en ellos herramientas que contribuyan al bienestar. Aquí es donde el cooperativismo tiene una oportunidad para marcar la diferencia.
Las cooperativas no nacimos solamente para ofrecer servicios financieros. Nacimos de la unión de personas que encontraron en la cooperación una manera de responder a necesidades compartidas. Esta esencia nos invita a construir relaciones que van más allá de una transacción.
En CooGómezPlata entendemos que nuestra cercanía con el territorio es una de nuestras mayores fortalezas. Estar presentes en Gómez Plata, Medellín, Carolina del Príncipe y Santo Domingo significa tener la oportunidad de conocer distintas realidades, escuchar a nuestras comunidades y comprender sus dinámicas económicas.
Porque las necesidades de una familia, un pequeño comerciante, un emprendedor o un trabajador pueden ser muy diferentes, incluso cuando viven en el mismo municipio. Y esa comprensión es fundamental para ofrecer orientación y soluciones financieras responsables.
Más que enseñar finanzas, necesitamos construir confianza
Hoy, muchas entidades financieras desarrollan iniciativas de educación financiera. Explican cómo elaborar un presupuesto, cómo calcular intereses o por qué es importante ahorrar.
Todo ese conocimiento es valioso. Sin embargo, para las cooperativas existe una oportunidad de ir más allá de transmitir información.
Podemos comenzar por escuchar.
Escuchar a quien nunca ha tenido una cuenta de ahorros y quiere entender cómo funciona. A quien necesita financiar su negocio, pero teme adquirir una deuda que no pueda pagar. O a quien ha recurrido durante años al crédito informal porque no conoce otras alternativas.
La educación financiera cobra un sentido diferente cuando parte de esas conversaciones y responde a situaciones concretas.
El reto del cooperativismo: que nadie se sienta ajeno al sistema financiero
Si queremos que más personas dejen de depender de mecanismos informales de ahorro y crédito, debemos trabajar para que las alternativas formales sean comprensibles, accesibles y confiables.
Esto implica revisar cómo atendemos, cómo explicamos nuestros servicios, cómo comprendemos las necesidades de los asociados y cómo acompañamos sus decisiones financieras.
También significa reconocer que no todas las personas parten del mismo lugar. Algunas necesitan comenzar a construir un hábito de ahorro. Otras requieren orientación para organizar sus deudas, y otras buscan oportunidades para fortalecer sus actividades productivas.
El desafío para el sector cooperativo está en encontrar soluciones que reconozcan esas diferencias, sin perder la cercanía que caracteriza a nuestro modelo.





