Preguntémoslo sin rodeos: ¿puede el cooperativismo ser «sexi» para la juventud?

La palabra “sexi” suena provocadora (incluso incómoda) en un sector que asocia su valor con la seriedad, la confianza y la tradición. Pero detrás de esa provocación hay una pregunta estratégica que el cooperativismo no puede seguir aplazando: si las nuevas generaciones no encuentran en el modelo solidario algo que las atraiga, ¿quiénes construirán su futuro?

No es un secreto: para buena parte de los jóvenes, la palabra «cooperativa» suena a trámite, a reunión larga, a algo de sus papás o de sus abuelos. Y no es porque el modelo no tenga nada que ofrecerles (tiene, y mucho), sino porque casi nunca se lo hemos contado en su lenguaje ni en los espacios donde ellos están. El problema, más que de fondo, es de forma. Y ahí es justo donde «sexi» deja de ser una palabra frívola para convertirse en un reto de comunicación y de cultura organizacional.

El cooperativismo necesita de los jóvenes

El cooperativismo envejece. En muchas cooperativas, la proporción de asociados jóvenes es mínima y sus órganos de dirección rara vez reflejan a las generaciones actuales. Esto no es solo un asunto de imagen, porque una cooperativa sin relevo generacional es una cooperativa con fecha de vencimiento.

Sin embargo, reducir la inclusión de los jóvenes a «asegurar el futuro» se queda corto. Los jóvenes no son solo los asociados de mañana; son agentes del presente que están construyendo el futuro en sus propios términos y hacen crecer nuestros territorios de maneras incalculables. Aportan maneras nuevas de entender la tecnología, la comunicación, el consumo y la participación.

Por eso, una cooperativa que los integra se vuelve más ágil, más conectada con su entorno y más capaz de responder a un mundo que cambia rápido. Incluir a la juventud es una decisión inteligente.

Qué significa (y qué no) ser «sexi» para los jóvenes

Ser «sexi» no es disfrazar a la cooperativa de algo que no es, ni correr detrás de cada tendencia para parecer moderna. Un logo nuevo y un par de reels no bastan. Ser atractivo para los jóvenes significa volverse relevante para su vida, y eso pasa por cuatro decisiones de fondo.

1. Hablarles en su lenguaje

La estética, los canales y el tono comunican tanto como el mensaje. Cuando una cooperativa se comunica siempre desde el formato institucional, le está diciendo al joven, sin palabras, que ese no es su lugar. Cambiar el lenguaje es la puerta de entrada. En nuestra campaña Jóvenes Fuera de Guion, por ejemplo, decidimos adoptar una estética inspirada en festivales como Estéreo Picnic o el Festival Cordillera para dejar claro, desde el primer vistazo, que se trataba de algo que los jóvenes iban a querer vivir.

2. Darles protagonismo real, no decorativo

Incluir a los jóvenes no es sentarlos en una foto ni crearles un comité sin poder de decisión. Es darles voz y dejar que sean ellos quienes cuenten su propia historia. Por eso, en nuestra campaña, en lugar de escoger a los participantes desde arriba, diseñamos un proceso de autopostulación en el que son los propios jóvenes quienes graban un video, cuentan quiénes son y deciden mostrarse.

3. Conectar los valores cooperativos con lo que ya les importa

Autonomía, propósito, determinación, impacto colectivo: eso es lo que mueve a esta generación. Y resulta que el modelo solidario ya responde a todo eso; el reto es hacerlo visible. Cuando en “Jóvenes Fuera de Guion” abrimos categorías como emprendimiento, finanzas personales, tecnología, arte, deporte y solidaridad, estábamos reconociendo lo que los jóvenes ya hacen y mostrándoles que en la cooperativa hay lugar para ello.

4. Ofrecer experiencia, no discurso

A los jóvenes no se les convence del cooperativismo, dejándolos vivirlo. Por eso, nuestra campaña les brinda encuentros donde se resuelven retos en equipo y se aprenden temas “sexis”. Los jóvenes ya tienen claro el poder que tienen al trabajar de manera colectiva y enfocarse en temas específicos; nosotros solo les dimos los espacios para demostrarlo.

El modelo cooperativo no necesita reinventarse

La buena noticia es que el cooperativismo ya es atractivo; falta atreverse a mostrarlo para conectar con los jóvenes. Comunidad, autonomía, propósito y construcción colectiva son, precisamente, las cosas que esta generación busca. El modelo solidario lleva más de un siglo ofreciéndolas.

Entonces, ser «sexi», al final, no es una cuestión de moda; es la capacidad de hacer visible, para las nuevas generaciones, el valor que el cooperativismo siempre ha tenido.

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